jueves, 4 de octubre de 2012

Entrada nº 40

Epílogo indecoroso.

Falta de cordura.
Fuera de la vida,
Y pérdida,
Fuera de acá, de allá.
En los capítulos prescindibles
Quedará escrito
Este...
Mirada siniestra.
Ojos urbanos,
Crítica absurda, para reír.
Exceso mío.
Manos perniciosas,
Manos que de manos ya no tendrán solo el nombre.
Manos que funcionen,
Manos verbales.
Cuerpo verbal. Cuerpo con adjetivos.
Es adentro donde la razón inválida y
El sentimiento imparcial.
Es adentro donde el puente herido es el desvío,
Ni la sensatez.
Ni la brújula.
Ni el mapa.
Pensamiento descalibrado de opinión desafinada.
Un evento contraproducente, un efecto de una causa que ramea de los pelos.
No es afuera, es adentro la cuestión.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Miscelánea.



misceláneo,a

  1. adj. Heterogéneo,compuesto de cosas diferentes y variadas.
  2. f. Mezcla de cosas de distinto origen o tipo.
  3. Obra o escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas.
  4. amer. Tienda pequeña de ultramarinos.



¡Puta!
¡Masacrada!
¡Repugnante, nefasta y
moribunda!

La proclama del espejo, vil reproductor de la imagen que late en el espacio: Invasor de la percepción, determinista de la realidad, verdugo impune, pintor explícito y maléfico.

Mi sangre escribe.
Mis manos, el vehículo
que por su carácter material
se manifiesta de forma visible.
Mi sangre proclamará renacimiento,
la emigración de mis orígenes
a... ¿A dónde?
Desde algún diván hacia algún origen,
ningún final, indecible comienzo.

Del verde insurrecto, de tierra manipulada y hormonas inquietas.
El personaje destructivo,
¡Si! ¡Miralo!
¡Sádico, enfermo, imbécil! "hedonista".
Él ahonda el filo imperturbable en el brazo quebradizo, infiltra el frío en el paso que me atraso y el trazo de mi brazo duda, pero impávido... Teme, ¡pero audaz! ¡Severo filo que no admite negación como respuesta!.
Arde, la piel corrupta (de placer)
Pierde, el aura impoluta (movimiento)

El verbo carnívoro en la epístola proclamaba: "Ningún final, no es viral, no estoy enferma, solo estoy perdiendo".
Mentira, engaño.
Yo no puedo, no debo. Yo, mezcolanza de artificio usufructuado, de niñez arrebatada. La piel come a la piel de adentro hacia afuera  -El exterior proclama, el interior se manifiesta- .
Está en los ojos, en el pecho, en la cabeza, la espalda... así se cristaliza el suplicio. Está en el pulso que trastabilla, en la mano cansada... pero la noche es serena y las espadas brillan en la vía láctea.
Ya, la alondra afina el crepúsculo. Es aire cálido, pero estoy gélida.
¿Cuantas más? Un lunar, dos pezones alineados a dos curvas en la ruta de un cuerpo barroco, tres orgasmos por cabeza, cuatro lunas al mes que en cuarto creciente alumbran el cuarto lascivo y sudado.
La sangre escribe, todo mi torrente sanguíneo se subleva y no comprendo, no comprendo en un día que para el mundo es ordinario... Porque el sol me genera un dolor lamentable y el semáforo titila el rojo constante. Porque el sol me quema, me calcina,
pero sonrío, soy un río que fluye en la carcajada ensalivada.
Y todo proclama, todo toma forma y pregona tardía y reiteradamente,
ensordecedor...
¿Hasta donde, cuando, porque...?
Cada voluta jónica de humo, una niñez socavada...
...Cada abrazo descarnado, un día recuperado.

Afuera la lluvia se muestra afable, el día nublado de espuma espesa transmite beldad.
Todo indica que al fin debo despertar.

martes, 4 de septiembre de 2012

Inconclusión.

Ya seré, yaceré...
Un grito que cuartea las comisuras,
Un rostro hecho desmesura.
(Me atrajeron) unos ojos ciegos carnívoros,
Junto a una boca melodramática...
Si, melodramática boca aquella,
Voz de lluvia, vos de agua.
Mi aullido de humo cancerígeno.
Reclusión septentrional.
Me enferma, me claudico,
Y un bunker,
donde,
Me desmedro.

El reloj se te desintegra en los dedos,
Se te va sin ganancia alguna,
Tíralo por la ventana, palabras absurdas. Las palabras del rigor.
(Que permaneces oculto como tantos enigmas)
Ni lo uno, ni lo otro. Nunca elegir, nunca arriesgar: el lema primordial.
Tu cuerpo se irá huyendo de alguna madrugada placentera.
Busca lo amargo de una despedida,
Lo amargo de sus condiciones, siempre con sus condiciones.
No odio, no estimo tampoco.
Dislocación de alma, codazo en la nuca.
Una patada en los dientes.
¿A quien le va importar leer la introspección, mis desvelos?

El abismo insano te devoró,
No te alejes de la tierra.
Ya no, ya no más oscuridad, ya no.
Yo no, ya no más quejidos dolorosos en la penumbra.
Tu cuerpo se irá dejando unas páginas sin escribir.
El tinto, las lágrimas me embriagan.
Hay algo que nunca te dije,
Yo tampoco pude decirlo,
Yo tampoco pude decirlo en las fauces del infierno,
Yo tampoco pude entre el llanto del algodón,
En la traslación de dos cuerpos hambrientos,
Con el afán de devorarse.

Humedad, la completa poesía entre las sábanas. La poesía toda.
Yo no lo dije.
Yo te lo hice,
Pero no pude nombrarlo, amor.
Alma de piedra macabra,
Algarabía de carroñeros siniestros.
Moribundo umbral.
Yo no busco la mortaja, busco otro sendero.

No necesito una muerte para renacer.
Brecha ardiente,
Te esfumó sin aviso magullando un fulgor.
¿Me permitirás escribir esto en esta noche atroz plagada de cenizas?
¿Me permitirás olvidar?
Te anhelo errante por las calles, buscando una estúpida casualidad.
Yo no pude, yo tampoco pude.


Añoro, añoro, añoro...
pero...
Olvido, olvido, olvido.


jueves, 16 de agosto de 2012

Continente onírico.

Antes de partir... ¿a dónde voy?... Luego de semanas de mirar un punto fijo e inexistente, de no poder poner en palabras, de no tenerlas, de que se escurran de mi mente y caigan a un abismo en el que mis manos se muestran inútiles, desprovistas de acción más allá de mi pugnante voluntad...Solo sé que a medida que vaya escribiendo los recuerdos se irán cristalizando, iré aclarando y recapitulando mediante este escrito.


Mi cuarto se muestra más oscuro de lo normal, afuera hay un temporal invernal que arrasa la ciudad purificando las calles maltrechas, las torres grises parecen engalanarse entre tanta belleza acuática y los árboles no tienen más remedio que alzar sus ramas y bambolear sus hojas al ritmo de la sudestada.
Después de noches interminables de un hastiado insomnio, de forma imperceptible logro concebir el sueño... sin darme cuenta ya formaba parte de un continente onírico...

Estábamos él y yo, como rememorando viejas épocas de paseos sin destino. Mi cuerpo denotaba el desgaste de una caminata previa, pero la realidad se desencadenó cuando divisé frente a mi una pared constituida  por vidrios rectangulares que, aparentemente, formaban el frente de una casa que mi mirada toda no llegaba a abarcar...sólo podía ver el adentro: una habitación enorme y blanca con una puerta de fondo -casi en un segundo plano-, un diván sin estrenar desparramado en un costado, una televisión estruendosa transmitiendo banalidades, una mesa negra con un libro -autor desconocido - y un bolso casi en exhibición -como quien se va de viaje-  que dejaba descubrir en su interior las prendas de una mujer. El acceso a las profundidades de este recinto era una puerta negra blindada de un tamaño descomunal atravesada por un cilindro horizontal rojo a modo de manija. Veo barrotes incrustados en la frágil pared de vidrio que funcionan de escalera para acceder a no se qué parte de aquella casa posmoderna. La manija de la puerta actuaba como primer peldaño de la escalera. Un edificio que oscilaba entre la frivolidad en su máxima expresión y la materialidad macabra, siniestra y atroz de algún relato narrado por Stephen King.
Nos miramos ya entendiendo lo que sucedería y él, nunca dejando de lucir las almendras de su mirada, con su sonrisa característica hizo una afirmación decidida. (Hasta acá lo vi, luego desapareció)
En mi impertinencia, elijo escalar esos barrotes para llegar a lo desconocido, pero al apoyar mi pie en el primer peldaño abro la casa  involuntariamente... Desde la puerta interior que daba a una habitación contigua sale ella, desplegando en su caminar una soberbia admirable sin dejar de transmitir una fragilidad indefensa. Se acerca a la puerta de entrada, clava la vista y me perfora los ojos con su mirada arrolladora. Yo tímidamente intentando resarcir el daño balbuceo un perdón,  a lo cual ella, sin denotar indulgencia, arremete: 
-Pasá, te estaba esperando.
Entré. Intentando ser lo más discreta posible, analicé el cuarto sacando treinta conjeturas distintas sobre los objetos que ahí habitaban. Mi respiración era entrecortada y sentía cómo lentamente mi tórax se iba humedeciendo, cuando ella aniquilando mi introspección me dice: 
-Hacía mucho tiempo que este momento debería haber transcurrido...
- Puede ser.
- Salgamos a caminar.
La ciudad era la misma máquina metálica de siempre, los engranajes sucediendo simultáneamente haciendo girar la enorme esfera permanente de la rutina; Sin embargo, mis sentidos no se encontraban completos, mi mirada detectaba cada detalle pero el movimiento era mudo... solo predominaban el sonido de nuestros zapatos impactando en las baldosas de la vereda y el silencio entre nosotras opacando el estruendo urbano. Llevado un tiempo, me dí cuenta que ella marcaba el rumbo y me paseó durante horas por toda la metrópolis; no obstante, no desesperé y me dejé guiar. Mi ansiedad me confesó que debíamos ir al meollo directamente, y que la cuestión solo era mera indagación. Recuerdo haberle hecho un millar de preguntas, y recuerdo que para cada pregunta tenía una respuesta muy concreta, pero en cada contestación la información se perdía en aquella atmósfera enigmática e inentendible dejándome desprovista de claridad, aclarando dudas que no mostraban aclaración y convirtiéndome en una ignorante inerme caminante. Lo único que puedo vislumbrar después de tanta interpelación es el siguiente fragmento:
-¿Como te diste cuenta que era yo? ¿Porque no otra?
- Porque te vi en sus ojos mientras te nombraba. Porque tu nombre resonaba en sus labios y en su mirada se producía un claro oscuro que debilitaba su órbita completa...
Hay una parte censurada en mi inconsciente que no me permite recordar y como último recurso, la justificación me consuela con una frase hecha, más que trillada, fusilada: "por algo será".
Sumergidas en el atardecer, adentradas en el cansancio, era evidente que ella ya había decidido donde concluir el trayecto y de un momento a otro me encuentro iluminada por luces que trastabillan, sujeta al suelo de un recinto gris y estéril y embebida de los quejidos agonizantes y el olor humano e insípido - mezcla de carne y desinfectante- de los pasillos de un hospital antiguo.
Se da vuelta, deteniendo sus ojos teñidos de una tristeza tirana en mis pupilas vulnerables a punto de destrozarse en lágrimas impotentes. Ella estaba vengativamente hermosa, su pelo negro ocultaba minimamente sus hombros y su flequillo hacia el costado era el complemento ideal que dejaba apreciar el contorno de su ceño perfectamente acabado...
Luego de siglos de silencio - imagino que en tiempo real habrán sido cinco segundos- sentencia:
-  Hasta acá llegamos. Acá vas estar, es el lugar más propicio para que tus días transcurran sin perturbaciones. Retraída, recluida y alienada... Ya llamé al doctor.
Veo su silueta gris recortada por el fulgor del ingreso al hospital, me deja y se aleja.

Todavía no pude despertar...

viernes, 27 de julio de 2012

Relato pobre.

Bajo la supervisión de mi semidios, el que pone todo en el lugar correcto. Gracias.

{Temo que la tierra hoy no podrá sostenernos, que el vientre del nuevo día no inicia el alumbramiento, no hay parto... 

Encontró el sitio. Ella se sentó en la orilla para esperar, sabía que demoraría algo de tiempo. El borde del río era hostil, le salpicaba la frente con un manojo de agua indomable, dejando gotas débiles - entre su pelo-  que se resistían a ser arrasadas por el viento. Esperaba un llamado, observaba el teléfono obstinado en permanecer mudo. Ella estática, inerme. Los pensamientos inútiles moraban errantes en su cabeza, pasaban como luces irreconocibles, se desechaban, todos incapaces de calmar alguna ansia o desesperación. Vaciló, pensó en irse, pero ya era tarde. Una mano cansada e imperiosa se posó en su desdichado hombro.
La superficie estaba agotada y sobrecargada, rocas de todos los tamaños, ramas arrastradas por el río, depositadas por su acuático desertor en tierra firme. Óxido y madera muerta, hierros de antaño, perecederos y en desuso, imposibles de resucitar, esparcidos indiscriminadamente por el lugar, partes desconocidas de algún navío que naufragó. Y en la orilla, ella, sentada en un montículo de escombros, mirando el horizonte. 
(¿Cómo hacía para decirle que no era él el hombre que ella esperaba?)
Una arena áspera, gris e imperceptible como último detalle. Polvo, restos de algo, alguna cosa que en tiempos pasados habrá sido útil.

No obstante, lo guió hasta su cuarto. Ella se dejó desvestir, se dejó tomar por esas manos forzudas que no eran las buscadas -ni las deseadas-.
Las nubes grises exhibían su contorno oscuro jactándose de sus formas innombrables, indefinibles, alejadas de todo rótulo. Creaban un cielo ciego, amorfo, de tintes negros entreverado con un azul profundo que, sin haz de luz alguno, anulaba la vista. 
Siempre realizaba el mismo ritual, la mirada fija en las pupilas femeninas y de pronto, en un arrebato espontáneo, comenzaba a besarla desenfrenadamente, mientras, mordiéndole el labio superior y acariciándole su cintura, la arrojaba en la cama. Ella se acostó intentando fugarse de ese aquí ahora indeseado, pero las manos de aquel hombre apretujándola, oprimiendo sus pechos y ensalivando su yugular le impidieron ausentarse. Él rozaba la punta ensanchada de su lengua por todo su cuello dibujando curvas acuosas, mientras que ella sentía la caricia del filo de mil cuchillos resplandecientes. 
Concluido el acto, no dudó, lo dejó ir sin darle explicaciones (ésta es la última vez que venís). Él, confundido y solo,  se alejó de su puerta con un sabor amargo en su paladar, se dirigió a la avenida cercana y se sumergió en la multitud sin rostro que caminaba herida, sin remanente temporal, hacia ningún lado, engranajes de la voracidad sistemática.  

No hay momentos preciados preexistentes que nos arranquen de la hora inmotivada. Mi lado derecho grita aquejado por un jolgorio que sangra los oídos, por un banquete al que no fui invitada. Hoy no es un día para salir a la vida.

En un rincón, en la penumbra de la mañana, ella se sentó en posición fetal. Sus lágrimas humedecieron su antebrazo y su piel sedienta absorbía toda secreción. Recurrió a la soledad del campo, pensó que antes de... antes era mejor ver la autopista desequilibrada plasmada de humo y las luces fugaces intentando iluminar la congelada oscuridad cotidiana.
Sólo había una melodía en su cabeza, su garganta eran las cuerdas de un cello grave, garganta maltrecha y descolorida que contrastaba con su lengua de violín huérfano. Llegó al sendero y no había persona alguna, eso la alivió. Los pensamientos comenzaron a marearse, soltó sus ropas escuetas y caminó despojada en la soledad de la pampa. Un ocaso anaranjado teñía su porte gris dorando sus ojos ausentes. A cada paso sus pies asfixiaban una parva enmarañada de maleza famélica. Levantó la vista... ahí estaba, la entidad más egocéntrica del sistema solar todo, brillante, esbelto, enorme, cegador, tirano, un ojo fulguroso a punto de extinguirse en la niebla hambrienta de la futura noche. Un halo triste de atardecer la encontró y vio hexágonos transparentes, de diversos tamaños, haciendo luces en su mirada mientras el cielo mutaba calmo amenazando con una tormenta eléctrica impenetrable. Se dejó caer en el llano, todo su peso hacia el piso, su cuerpo en punto muerto, boca arriba, médula abajo. La primera gota impactó en su frente despejada y se deslizó por la mejilla enrojecida. La segunda, se entrometió en el hueco débil que formaban sus labios morados y entreabiertos salpicando el lunar alojado encima de los mismos. ¡Tempestad! cataratas enfurecidas de lluvia hicieron colapsar sus pupilas ya dilatadas. Cerró los ojos y un suspiro último se dejó estar. Horas más tarde se manifestó el aura. Un viento grotesco silbaba delicadas notas de aire que acariciaban la desprevenida flora del lugar. El cuerpo yacía pálido y desalmado entre el silencio y el imperceptible movimiento de la llanura. Una danza maliciosa de naturaleza carnívora.
El espacio vacío.
...Quiso nacer un relato donde la situación volátil se deslice entre las líneas, que los hechos se desplieguen y acaricien, acciones, momentos y entrecruces... pero hoy... ¡Miércoles hostil! ¡día inútil! Sos un huésped anónimo e impávido, la fragmentación pura entre mis dedos torpes. Hoy no es un día para salir a la vida}

martes, 10 de julio de 2012

No se el ser.

No se esta partida.
Yo no se este escrito.
Yo no se mis ojos,
no se tus olores.
No se con quien me acuesto
ni quien es la sombra desparramada en mi cama de penumbra.
Desconocimiento.
Yo se inexistencia,
se que soy ausencia.
Yo se de ausencia.
Yo no, no existo.
No se el pasado.
No se este presente.
No se el sexo, no se el cuerpo.
No se permanecer. Se el amanecer.
Yo se que soy desamor,
un deseo nefasto,
un volver inminente,
de abismo incoherente.
Laceración.
No puedo el verano, puedo el invierno.
Yo se que soy descartable,
Se mi ser perecedero.
Yo no se mis letras, ni mi coherencia.
Yo no se a que puerto arribaré.
Yo no se de nuevos días
Sé mi sangre putrefacta,
sé mi sed, sé mi ser.
Se el vaivén,
se frío el andén.
Yo no se el saber,
no se el ser.
Yo no se de lineas,
no se de rimas,
no se de prismas.
No se de orden, no se de inteligencia.
Se de caos e indulgencia. Demencia. Miseria. Materia y arteria.
No se la batalla.
Incongruente.
Ser.
Sé de envestida,
sé de terremoto a la deriva.
Saber.
Se mis lagrimas y mi testigo,
se la sombra en el espejo,
en lo cóncavo y lo convexo.
Yo no se el tabaco ni la sonrisa.
Yo de escenario y melodía -no se- ni la letra,
el torbellino y la brisa.
Sé el polvo, sé el resto, sé el tilo, sé el borgoña.
Sé la arcada que asfixia (sos, serás).
No se la autosuficiencia,
se la hoja suelta,
no se la sapiencia.
Sé el viernes, no seas el mes.
Sé una noche, no las hojas verdes, no la arena.
Sé crepitar, sé marchito, sé oscuro y triste.
Sé estático, sé cobarde y desalmado.
Sé rojo, sé negro, sé menta.
Obturador.
Yo se manipulada, yo se acariciada.
En ausencia no se, sé ausencia.
No se la superficie, se el averno.
No se el reparo, se el daño.
Sé el reparo, no el daño.
Es que no se,
enserio no lo se.
No, no puedo saberlo, no hay sendero que me transporte -no se el maldito sendero-.
No hay larva que me carcoma.
No se lugar, no se tiempo ni espacio.
No se a donde llegué.


lunes, 25 de junio de 2012

Efecto secundario.

"A una persona. Un alma gemela"


"La naturaleza hace del hombre, lo que el hombre de la vida. El hombre consume tiempo, espacio, almas, sentimientos, personas. Se entromete en los instantes ajenos. El hombre consume vida, mundo. Pero luego, la tierra consume al hombre. El gusano justiciero del arrebato existencial del Homo - Sapiens. El hombre, ser natural, pero expropiador de la patria verde. Carroña como justicia."

Fuimos a la laguna, día de agua,
armados de piel, fugados de realidad,
tomamos el sendero contiguo,
terreno despejado estaba,
estaba despojado,
estaba desmedrado,
me callo y ojos,
camino y me detengo,
manos que me detienen,
ojos que hablan.
Escribo y te pienso.
Una arboleda solitaria al horizonte,
la bestia se asoma en mi sombra,
¡No la dejes entrar! ¡No!
¿Tenés miedo, verdad?
Sacame y llevame
en el caos de la fuga hacia el norte,
caos de la fuga,
caos de la fuga,
con lunas que
entren y salgan.
Corramos a la arboleda, laberinto de cortezas, una mueca y corramos.
Saltemos,
qué espasmo,
qué turbulencia,
que temblor de cielos desgarrados,
de clamores placenteros, 
que labios en movimiento.
Parálisis del habla, sexo danzado.
Te lleno, te dejo.
Llevame fuera, llevame, llevame fuera, fuera, fuera,
donde la bestia no se asome a la ventana,
donde no sucumba al polvo.
En el caos de la fuga,
que me pregunto, que me contesto,
una incógnita como rostro,
una incógnita en la lengua.
Llevame donde la moneda tenga una sola cara,
donde el horizonte no divida.
Sacate el trastabillar en los ojos,
y llevame donde los metros no sean distancia,
donde la bestia no apoye sus dedos decrépitos en mi hombro,
Que cielos desgarrados,
doy y te recibo.
Llevame, traeme, dejame, meteme, sacame,
de este mundo comprimido y inexpugnable.
Tirame a la laguna, y mirémonos las caras a través del agua,
de ojos empapados. 
Donde la bestia no se sumerga.
-¿Has oído?
-¿La arboleda?
-¡No, a la bestia!